sábado, 20 de mayo de 2017

Dolores Etchecopar

Redención
una mesa
el ruido de un tren al irse una ciudad
una mano
no sabe cómo se entra
pero abre tus lágrimas
y vuelve con tu rostro a la tierra




De "Notas salvajes" pag. 73
Editorial Argonauta, Buenos Aires 1989 

viernes, 19 de mayo de 2017

Asesinato

¿Podría explicarle a alguien lo que cargo conmigo, sobre mi piel? La costumbre añeja de saborear túneles brillantes, lágrimas brillantes. La costumbre añeja de llorar en brazos ajenos, acariciando un vuelo sin clemencia, bebiendo en sorbos, en escupitajos la lejanía. ¿Tal vez con mi cuerpo podría encamar la venganza? torcer mi mano hacia el suyo y con caricias agotar el aire. Ahogarnos los dos y presenciar su muerte antes que la mía. Ahogarnos y abrir el cuerpo para ver si hay algo adentro. Introducirme en ese algo para al fin sentirme ciega. 
¿Podría yo tener un peso muerto a mi lado? Golpearía su rostro como si golpease el mío. Lo arrastraría por la calle oscura, caminaría un tiempo en la calle oscura para que mis manos tengan costras. En el callejón tomaría su rostro y así no lo olvidaría. 
Haría vivas las bocas muertas de nuestro deseo. Haría sentir el aliento fresco de la desdicha por su partida y la mía. Por nuestro juego de muerte. Y cuando en mi canto encuentre ira, solo tu podrías presenciarla. Presenciar la belleza del odio, el desgaste de los vidrios, la luz acriminada de la mañana sin lluvia.
Desde mi tumba lloraría la tuya. Y no podrás consolarme, desconfiarme. Te hablaría de mis flores, de cuando deliraba con las flores secas, de cuando guardaba piedras para que ellas me llevaran, de cuando hice de mi vida un poema y te mentía para no hablarte de ella, de ella, de mi vida. 
Pero tu me mirarías y dirías: “la vida es la farsa que todos debemos representar”. Y ahí, yo ya no te miraría. Les exigiría que me devuelvan mi voz, te gritaría a ti que me la devuelvas. Ya sabría que no la tienes, pero la luz del velador me habría obligado a pedírtelo. La luz me habría embriagado. 
Me deslizaría en el alcanzar de nuestros humos. Bocanadas de humo que tocan la fuente de mis sueños. Me dejaría silenciar por el silencio. Y así caer resignada. Así presenciar gestos vivos y besar yo misma mis manos. Así errar yo los ojos de mi cuerpo. Así irme, sí, así me iría.

domingo, 14 de mayo de 2017

Opening Theme - Holocausto Cannibal


Narcisa

Objeto estocado
a veces de noche, a veces da lo mismo
a veces las Camelias
también me conmueven.
Un holocausto me recuerda
que puedo cubrir mi rostro con brasca
puedo cubrir mis oídos con murmullos
que puedo cubrir mi boca con

Aguanta tú el cenit
que nos ha olvidado y
ha hecho diáfano
nuestros cuerpos férvidos
borrados, bórranos para yo poder olvidarnos.
Hay un otoño virgen grabado en mi piel
al cual ya no le quiero rezar.
Un objeto no puede rezar.

Traigo piedras para cargar en ellas
mi trampa.
De tenerte y desquitarte,
De tenerme desprendida,
pero tenerme al fin y al cabo
y ser objeto antes que

Ella narcisa, pujó bajo el agua
pujó y aún su cuerpo: inmóvil
despojado de sangre
despojada de sexo.
Cómo no pujar así la muerte
y olvidar mirar así un espejo.
Cómo no dejar que lleven
de ti todo lo que encuentren.

Josefina Plá

Invención de la muerte (1965)

Esa sombra
La veréis alargarse cada vez como un agua vertida
sin remedio
como un manto cayendo despacio de sus hombros
como si fuese él mismo arrepentido que quisiera
volver sobre sus pasos
-reptil de limpia muerte sin cadáver-

La veréis ahilar su arroyo
sobre un suelo
por siempre horizontal a la aventura

Y será también la única
que dormirá con él reconciliada
con la sombra total
de que se desgajó
enemiga de todos los espejos un día.

San Juan de la Cruz

Glosa de él mismo


Sin arrimo y con arrimo,
sin luz y ascuras viviendo
todo me voy consumiendo.

I

Mi alma está desassida
de toda cosa criada
y sobre sí levantada
y en una sabrosa vida
sólo en su Dios arrimada.

II

Por esso ya se dirá
la cosa que más estimo
que mi alma se vee ya
sin arrimo y con arrimo.

III

Y aunque tinieblas padezco
en esta vida mortal
no es tan crecido mi mal
porque si de luz carezco
tengo vida celestial
porque el amor da tal vida
quando más ciego va siendo
que tiene al alma rendida
sin luz y ascuras viviendo.

IV

Haze tal obra el amor
después que le conocí
que si ay bien o mal en mí
todo lo haze de un sabor
y al alma transforma en sí
y assí en su llama sabrosa
la qual en mí estoy sintiendo
apriessa sin quedar cosa,
todo me voy consumiendo

Matilde Ladrón de Guevara

Poema del Libro “Amarras de Luz” 1948.

QUISE SER LA DIOSA QUE CAUTIVA

Desde el bruñido bronce de tu cara
y el hondo gesto de tu altiva frente
me miraste y sentí una llamarada
que nacía en tus ojos envolvente.

Había en ella una inquietud curiosa,
llena de rebelión y de desvelos
como esperando que una joven diosa
cayera a tus pies desde los cielos.

Y quise ser la diosa que cautiva
y ser también la sierva enamorada
y sentirme a tu lado, sensitiva,

Para amarte y estar atormentada
y apaciguar mis ojos en tu vida,
en tu mirada triste y desolada.





Poema del Libro “Desnuda” 1960.
DESNUDA

En medio de mis rosas, tu cabeza.
Siento latir tu propio pensamiento.
Y la espada jadeante de tu aliento,
entra, activa la luz, en mi belleza.

Con una queja besas la tibieza
que te ofrezco. Alígero y sediento
tu amor es como el fuego y como el viento:
pulso fugaz de la naturaleza.

Queman tus nervios rosas ancestrales.
Me educas en tus cálidos rituales
y me bebes en copas prodigiosas.

Quiebras el tiempo. Creas el olvido.
Abres la eternidad sin lo vivido,
con tu sol abismo entre mis rosas.